La artista performática Antonia Baehr y Carola Gaggiano (técnica de luz y sonido) participaron en Experimenta Sur. Posteriormente realizaron una residencia en la Base Chocó. El siguiente texto es su contribución a la publicación del 2016 titulado Este Lugar.

Banana Trouble

Por Antonia Baehr y Carola Gaggiano

En Junio de 2016 viajamos a Guachalito, Chocó, con una invitación de la Fundación Más Arte Más Acción y el Goethe Institut para hacer una residencia artística. En este lugar, donde la selva se extiende hasta el océano Pacífico , crecen una gran variedad de plátanos nunca vistos en Europa, como El Primitivo, La Felipita o El Mambule. A algunas de estas variedades se les ha dado varios nombres, como al Popocho, también llamado Cuatro Filos, Cuadrado o Gajeto. Junto con el pescado forman la base de la alimentación y juegan por tanto un papel importante en la cultura y la identidad local. Sorprendidas y entusiasmadas por tal –en nuestros ojos- descubrimiento, nos dedicamos cual exploradoras al estudio de estos frutos suculentos.

Con este proyecto desmontamos nuestra imagen mental de la „banana única“ que conocíamos, repetitiva, uniforme e idéntica a si misma. Durante nuestra residencia de 7 días dibujamos una variedad de banana al día excepto el último, que nos tomamos libre. CC pintaba una cara del fruto, mientras AB pintaba la otra. El último dibujo de la serie se lo reservamos al Mambule, para nosotras el más intrigante de los frutos. También llamado Pujón, es una especie de banana que se esta extinguiendo en la región víctima del raquitismo. Su piel es fina y violeta, y se dice que brilla cuando está maduro.

Pintábamos cada día con la intención de hacer versiones de la banana de la carátula del disco de The Velvet Underground. Ciertamente algo tenemos en común con muchas otras personas educadas en la cultura hegemónica de Europa y USA: el dibujo de una banana nos recuerda inevitablemente a la banana protagonista de aquella portada. Como allá en el selva no teníamos acceso a internet, hacíamos uso de nuestros recuerdos para hacer las versiones. Pero nuestra memoria es algo más flexible que los buscadores de Google. El recuerdo de CC iba cambiando de un día al otro y ni siquiera estaba segura de que el fondo fuera blanco. AB recordaba en torno a la banana letras en cursiva; dió por sentado erróneamente que indicaban el nombre de la banda. Pero lo que no recordaba es si el texto en cursiva se encontraba sobre o bajo la banana, ni en qué dirección apuntaba la banana – media luna. Algunas bananas las reproducimos bien, otras no tanto y a otras no las reproducimos en absoluto. Nos impusimos una regla: si el dibujo no quedaba bien, no se podía repetir.

El banano es un fruto casi polémico: su nombre e imagen se asocian con racismo, sexismo y exotización. Ha adquirido prácticamente un carácter obsceno y vulgar. En Berlín, donde vivimos, es símbolo del menosprecio hacia lxs ciudadanxs de la RDA. Como apenas si se importaban bananas en esta república hoy extinguida, en Berlín occidental se jactaban sobre sus desafortunados vecinos, a quienes tal cotidiano manjar les era casi inaccesible.

La actividad de pintar de forma realista requiere mucho tiempo. Ralentiza la vida, refina la capacidad de observación y para nosotras formó un vehículo de comunicación entre anfitriones y huéspedes. Elegimos conscientemente un motivo trivial para nuestros dibujos naturalistas, que es parte del día a día en aquella región, sobre todo del de las mujeres, como para la excelente cocinera Laura.

Nos interesamos por lo irrelevante, lo cotidiano y la cocina, el área de la mujer, con motivaciones feministas. Las catástrofes ocurridas en la región como la devastación por contaminación del río Atrato no nos dejaban impasibles mientras pintábamos primitivos con cariño y esmero. Somos seres complejos y la banana es una simplificación de lo plural. Allá donde la industrialización de la producción agrícola aún no predomina abundan las variedades y resaltan las singularidades. Quizás se trataba de un emprendimiento ridículo e utópico de querer devolver a la banana su heterogeneidad con unos lapiceros de colores para niños, que en parte habíamos encontrado allí mismo, en la base Chocó.

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