Arte, saber ancestral y co-creación en el territorio amazónico
La residencia artística Buen Pensar, liderada por la Fundación Más Arte Más Acción (MaMa) e IMPAKT en colaboración con el Museo Comunitario del Guainía y aliados locales e internacionales, reunió intercambio cultural, creación artística y aprendizaje compartido en el territorio amazónico de Inírida. La artista colombiana aniara rodado, radicada en Francia, fue seleccionada a través de una convocatoria abierta para participar en la residencia. Esta es una de diez residencias S+T+Arts, que por primera vez trabajan con socios de América del Sur y Europa en el marco de “Buen-Tek”, que conecta las ideas indígenas andinas de Buen Vivir y Lo-Tek. El programa es financiado por la Comisión Europea a través de S+T+Arts (link).
La residencia contó con el acompañamiento del experto translocal, el profesor José Fernando Serrano de la Universidad de los Andes, Bogotá, y de la experta local Magally Ortiz del Museo Comunitario del Guainía.
Un diálogo entre arte contemporáneo y conocimiento ancestral
La residencia se centró en la yuca brava. No es solo un alimento fundamental para las comunidades indígenas sino también una tecnología ancestral compleja. Procesos como la eliminación del cianuro y la transformación de la yuca en mañoco, casabe, fariña y tapioca muestran un sistema de conocimiento profundo que conecta cultura, ciencia y territorio. El sebucán, una herramienta tejida utilizada en este proceso, es central en este conocimiento.
aniara rodado trabajó de cerca con sabedores, artesanos y comunidades indígenas desde la escucha, el respeto y la co-creación. Juntos exploraron la yuca brava como una metáfora: transformar el veneno en alimento, vinculado a procesos de resiliencia, memoria y construcción de paz.
Co-creación y tejido colectivo
La residencia incluyó talleres, visitas a comunidades, laboratorios de creación y conversaciones.
Un momento clave fue la creación colaborativa de un sebucán de gran formato con el artesano local Manuel Rodríguez de la comunidad Coco, guiado por aniara rodado. Uno de los más grandes de su tipo, representa el esfuerzo compartido de la residencia donde cada persona aporta su conocimiento. Este trabajo formó parte posteriormente de una exposición en el Festival IMPAKT en abril de 2026, donde aniara rodado y su equipo presentaron el sebucán junto a un video desarrollado durante el proceso. Durante el periodo de apertura del festival, aniara rodado también participó en una serie de conversaciones, extendiendo el diálogo más allá del territorio.
Aprendizaje y experimentación
Se realizó un taller de bioplásticos a partir de almidón de yuca con estudiantes del Colegio Custodio García Rovira. Este espacio promovió la experimentación con materiales naturales y conectó el arte, la educación y los recursos locales.
El taller “Dabucurí – Fiesta de la Cosecha” reunió prácticas tradicionales y enfoques contemporáneos, abriendo el proyecto a públicos diversos.
Impacto en el territorio
La residencia tuvo varios impactos a nivel local:
- Fortalecimiento del orgullo por los saberes ancestrales
- Mayor visibilidad del sebucán como tecnología viva
- Nuevas conversaciones intergeneracionales sobre la yuca brava
- Apoyo a procesos artesanales y creativos locales
También fortaleció al Museo Comunitario del Guainía como espacio de intercambio cultural.
Aprendizajes y proyección
El proceso mostró la importancia de trabajar desde la co-creación y no desde la extracción de saberes. Puso el conocimiento indígena en el centro de la innovación y utilizó enfoques sensibles al territorio.
Buen Pensar deja:
- Nuevas formas de trabajo entre arte, ciencia y comunidad
- Metodologías participativas basadas en el respeto y la escucha
- Conexiones más fuertes entre artistas, sabedores e instituciones
Hacia el futuro
El trabajo futuro podría incluir:
- Relaciones entre arte y soberanía alimentaria
- Programas educativos comunitarios
- Residencias más largas y con mayor inmersión
- Proyectos colaborativos con enfoque intercultural
Buen Pensar es una invitación a repensar el conocimiento desde el territorio. Muestra que las tecnologías ancestrales no solo sostienen la vida sino que también ayudan a imaginar futuros más sostenibles.